Crónica de un desastre:
Municipio de La Guancha, Tenerife, Islas Canarias, España, altitud 500msnm , probabilidad de lluvia en el mes de marzo 75%, 20.45 h.
Marvel Hill (ganador), C4 Jazz, Ingravity y Esclavitud. Caía la noche en el municipio norteño de Tenerife. El reloj de la plaza de la iglesia marcaba las nueve menos cuarto y para entonces ya habían seudo-probado sonido algunos de los grupos participantes en la segunda edición del certamen bienal (no confundamos con bianual que son dos veces al año, ni bianal que explica lo que sufrió el material y los grupos que aguantaron cerca de dos horas y media en el escenario) Baifo Rock organizado por el Ciclo Superior de Imagen y Sonido del IES La Guancha y según dieron a entender éstos, patrocinado por las autoridades locales del lugar.
Previamente, el proceso de selección de los grupos participantes se mostró duro y difícil ya que a pesar de ser el cartel inicial: el formado por C4 Jazz Band, Marvel Hill, Alea Jacta y Heyzer, los que acabaron “cantando bajo la lluvia” fueron los dos primeros más Esclavitud e Ingravity. Diversos problemas de salud e imposibilidades geográficas impidieron la asistencia de los Heyzer y Alea Jacta respectivamente.
Podríamos sustantivar el evento, al menos como despropósito, como improvisación, chapuza, o digámoslo en la lengua que nos une, “canchanchanada”. Hemos de señalar que el concierto lo montan los estudiantes de segundo año del ciclo, como prueba práctica en la cual reciben una nota y por lo tanto, debemos tener comprensión si todo no sale “a pedir de boca” ya que todavía no son profesionales, están aprendiendo el oficio y en los fallos está el aprendizaje. La responsabilidad de lo que aquí se informa/denuncia recae sobre los profesores del ciclo que están detrás de los “pibes”. Estos si son profesionales y son los que tienen la obligación de aportar la formalidad y la consistencia organizacional que un evento de estas características requiere.
¡Un toldo, por favor!:
Extraño parece, pero cierto es que la mayoría de los que estudian y trabajan en el ciclo residan en el norte de la isla y no se dieran cuenta de que llevaba dos semanas lloviendo con más o menos intensidad y se monte un escenario de cinco metros de altura de estructura metálica sin ponerle al menos unos “rollos plásticos de invernadero” o mejor aún, un toldo en condiciones. ¡Para eso está el “maldito” escenario además de para colgarle las cajas acústicas y las luces!
Ni rastro del toldo y durante las actuaciones de Ingravity y Esclavitud, como era previsible, cayó una lluvia moderada que mojó los cientos de vatios que poblaban el escenario. Algunos componentes de los grupos, mostraron su preocupación a los técnicos de sonido de la “banda izquierda” que fue respondido con un “sigue, sigue que no pasa nada”. “¡Espero no quedarme aquí pegado!” fue el comentario más representativo de alguno de los instrumentistas.
La lluvia se combatía con trozos de bolsas de basura con las que se pretendía tapar las conexiones eléctricas. Los amplificadores, los instrumentos estaban a merced de los elementos. Los platillos de la batería no sonaban debido al efecto silenciador del peso de las gotas de agua. “¡Eh, pásale un paño a los platos que no suena, joder!”. Menos mal que no estaba presente un Inspector de Seguridad e Higiene, que sin duda habría parado todo aquello inmediatamente y probablemente multado sustanciosamente a los responsables, si es que existía alguno o algunos, claro. Padre nuestro que estás en los cielos...
¡Un amplificador de guitarra, por favor!:
Dícese que un concierto de rock requiere, al menos, un par de amplificadores de guitarra. A lo mejor me equivoco. Pues no señor, allí había uno y medio. Gracias a que uno de los miembros de Ingravity tuvo la pericia de llevar su propio material para sonar como el quería (pobre iluso) se pudo comenzar el evento. Uno de los amplis que estaba allí no quería funcionar. Cosa extraña, porque lo usaron Malos Modos, grupo ganador del primer certamen que cerraba el cartel de la noche.
¡Un amplificador de bajo, por favor!
¡Ampli de bajo había! Pero testimonial. Apagado, desenchufado, roto, ni idea. Ahora, usarse seguro que no. La cara de los bajistas expresaba bien el sentimiento. Los que usaban un bajo de cinco cuerdas grave oían algo parecido a una “ventosidad” mal dada al tocar el si grave. Una caja de inyección DI hizo lo que pudo.
¡Un cable jack-jack, por favor!
También, increíble pero cierto. Gracias a que los miembros de los grupos fueron previsores y llevaron este tipo de minucias que se supone están a cargo de la organización. Espero que no nos hayamos excedido en nuestras exigencias; ¡un cable!
¡Un poco de tiempo para tocar, por favor!
“El monitor no suena, el ampli no suena, no me oigo, no les oigo, hay un zumbido”. Arreglar todo este tipo de problemas en el momento acabó con las expectativas de los grupos de tocar los temas que tenían preparados. Mientras los técnicos arreglaban los desaguisados, el tiempo de los grupos ya estaba corriendo. Entonces se nos plantea la ecuación: “ muchos problemas X + pocas soluciones = no queda tiempo para tocar Y”. Algunas actuaciones duraron quince minutos de los veinticinco que tenían asignadas. Una pena, porque los grupos ofrecían espectáculo.
¡Un poco de actitud, por favor!
De nuevo, sobre el escenario, los momentos de incertidumbre provocados por los múltiples fallos técnicos eran aderezados por las caras de desconcierto de muchos de los ayudantes que ya no sabían a donde mirar. Si hubiesen estado bien dirigidos y coordinados y les hubiesen dejado claras sus funciones, esto no habría pasado. Algunos ni siquiera tenían nada que ver con el evento, o eso dijeron. ¿Máximos responsables? Yo diría, máximos irresponsables.
¡Un poco de calidad de sonido, por favor!
Los millones de pesetas de equipo de sonido que se utilizó, no rindió aceptablemente. En general, sonido bastante malo que terminó censurando la fuerza y el poder de transmisión de los grupos presentados.
Parece mentira que esto que aquí se relata haya sido un concierto de rock. Parece mentira que después de todo, en La Guancha, se subieran grupos al escenario y sonara un concierto de rock. Por lo menos se intentó.
Si Ud. lector, ha tenido la valentía de llegar hasta este punto, le bonificaremos con un par de comentarios positivos. El catering ofrecido por el certamen en el local social cercano, muy bueno. La ensaladilla y el trato, excelente. También una mención a los estudiantes del ciclo que se comprometieron con el correcto desarrollo del evento y que estamos seguros, pusieron en práctica todos sus conocimientos y motivación. En especial, uno de los regidores del concurso, Alex, que en todo momento trató de que las cosas marcharan y pidió a cada grupo la opinión de los mismos acerca del evento. Comprometido y humano, “chapó”. Por último agradecer la cobertura del evento a los medios de comunicación, como los compañeros de Torreón del Rock de Radio Pimienta (100.3 zona norte, Rodeos-> Isla Baja). ¡Emitid el concierto sin interrupciones técnicas por favor! (Sábado 7, 10.30 de la noche).
Para concluir, esperemos que este tipo de “impresentabilidades” no se den con frecuencia por estas islas. No beneficia mucho la proyección y la moral de los grupos que por aquí existen hoy día. |